La prensa ha visto cómo se reduce la inversión publicitaria a causa de la crisis. Y esta misma crisis disminuye la capacidad de los lectores para gastar en periódicos. También los lectores han tomado conciencia de que pueden informarse en Internet y hacerlo gratis. Por eso, las suscripciones a los periódicos merman, y como cada vez tienen menos lectores (y más crisis), los anunciantes gastan menos en publicidad. ¿La inmediata consecuencia? Menos páginas, menos espacio para contar historias, despidos, cierres… ¿Cómo se acaba ahora con el círculo vicioso que ahoga estos días a los periódicos?
Los más lanzados empiezan a romperlo en la tercera fase. Es decir, que los lectores paguen por leer en Internet como lo hacen por el papel. Otra cosa será el precio. El primero de los medios de información general que parece lanzado a hacerlo es The New York Times. SegúnBloomberg, los suscriptores han recibido una consulta para saber si desembolsarían unos 5 dólares al mes para tener acceso a la edición digital. Sólo hace dos años que el mismo diario abandonaba el pago por algunas secciones y abría su versión online de forma gratuita a todo el público.
“Creo que se trata de un acto de desesperación. La decisión no viene porque esté demostrado que así vayan a ganar dinero o porque ya hayan probado todas las alternativas. Cobrar en Internet no va a funcionar si no tienes un nicho —información especializada o única— que puedas vender”, nos cuenta Jim Brady, ex director de las operaciones digitales de The Washington Post.
Mark Potts, otro de los periodistas encargados del lanzamiento de washingtonpost.com en 1996, tampoco se queda corto en predecir el resultado de esta decisión: “Será un absoluto desastre”.
The New York Times podría cobrar, a partir de otoño, la misma cantidad por un mes de edición digital que por el dominical del periódico. Esta comparación puede interpretarse de dos formas distintas: o la edición del domingo es de tal calidad que puede equipararse al acceso a la publicación online de todo el mes, o la publicación digital carece del valor añadido del fin de semana.
Y ese valor extra en el contenido, más allá de los temas o la calidad de la redacción, es donde, según Brady, deben centrarse los medios para cobrar al lector.
Para el nuevo consultor de The Guardian en Estados Unidos, la decisión de cobrar por leer contenido digital es la lectura equivocada del momento en el que estamos. “Ahora mismo, una persona se levanta por la mañana y es como si abriera la puerta y tuviera 500 periódicos esperándole. Tienes que vender algo que no esté en ninguna parte, ni siquiera escribir bien vende. Tienen que ser los temas, los enfoques, que sean únicos”.
Mark Potts defiende la decisión de los medios en los años 90. “Es un gran error pensar que cometieron algún tipo de ‘pecado’ por no cobrar desde un principio. No se trata de blanco o negro. O no pudieron, o lo intentaron y no funcionó o, por una serie de razones, decidieron no hacerlo”.
Entre ellos está The New York Times, que sólo hace dos años abandonaba su aventura de pagos en Internet. En concreto, dejaba de cobrar casi 8 dólares al mes por la sección de opinión y todo el archivo. Si se confirman las intenciones desveladas por Bloomberg, ahora podría bajar el precio hasta 5 dólares mensuales por toda la edición digital.
Los diarios españoles han sido ejemplo de las diferentes opciones en Internet. En el otoño de 2002, El País puso de pago su edición digital. Mientras, elmundo.es, que también vivió aquel debate, decidió seguir en abierto —y cobrar sólo por acceder a su hemeroteca y a la edición impresa—. Años más tarde, en 2007, la compañía encabezada por Juan Luis Cebrián rectificó aquella decisión, aunque entre tanto su rival había incrementado sustancialmente la ventaja como líder de audiencia de la red en castellano. En la actualidad El Mundo sólo cobra por el acceso a los últimos siete días de papel y por todo el pdf de su hemeroteca, mientras que El País lo hace únicamente por el pdf .
“Algunos de los que toman las decisiones actualmente no estaban cuando nacieron las publicaciones digitales, y otros que sí estaban parecen haberlo olvidado: algunas websnacieron tan rápido que no pudieron desarrollar tecnológicamente un sistema de suscripción online“, justifica Brady. “Por otro lado, ¿quién daba su tarjeta de crédito en Internet en 1995? Faltaba la confianza de los lectores”.